El Origen De La Postración.
El ser humano es, en la concepción islámica, dueño del universo, y ha sido escogido por Allah (swt) para ser dirigido con los recursos y potencialidades que ha depositado en él y que le son necesarias para llevar a cabo su función. Esto se puede deducir de aquel famoso diálogo relatado en el Corán, que tuvo lugar entre Allah y los ángeles, sobre la creación de Adam (P): Allah les dijo: «Voy a designar un jalifa sobre la Tierra» (Suratal Baqarah, 30) y les explicó que le había enseñado al hombre lo que ellos no sabían. Señalamos también la alta consideración del hombre al saber que Allah ordenó a los humanos a ordenarse ante él (P), lo que da testimonio de la grandeza del ser humano y de la importancia de su valor entre las demás criaturas. Esta alta consideración se desprende igualmente de la expulsión de Iblís (Satán) fuera de los lugares privilegiados como receptáculos de la Rahma de Allah, en respuesta a su rechazo de prosternarse ante el hombre, pero también de la Revelación de Allah, lo que significa la perennidad de la presencia de Iblís al lado del hombre con el objetivo de seducirle y desviarle durante toda su vida en la tierra, no porque el ser humano haya sido abandonado por Allah, sino más bien para que sea digno de Su Confianza en la medida en que es invitado a probar su capacidad de luchar por su libertad y de mantener firmes sus posiciones en el combate que lleva a cabo, voluntariamente, contra el mal en su calidad como representante (jalifa) del bien. Esto puede concluirse de la aleya en la que Allah dice dirigiéndose a Shaytán: «No tienes ningún poder sobre mis sirvientes a excepción de aquellos que te seguirán» (Corán XV:32). Así, el ser humano está preparado para enfrentarse al símbolo del mal a pesar de todo su poder y de vencerle en tanto combata su lucha por la causa del bien.



